Casa Natal del Coronel Fernándo Figueredo. San Carlos

 

Esta casa esquinera, de dos pisos de altura, está ubicada en el cruce de las calles Sucre y Figueredo, en pleno Centro de la ciudad de San Carlos, otrora pujante Villa Real, que ocupó sitial de honor como uno de los centros urbanos más importantes de la Venezuela colonial.

La edificación, cuya construcción data de finales del siglo XVIII, ha sufrido diversas intervenciones con el objeto de adaptarlas a las nuevas necesidades de uso o como obras de reparación del sistema constructivo. El inmueble fue concluido a finales de 1784 por ordenes de su propietario Don Ignacio Figueredo Gegundes, quién comenzó a habitarla en febrero de 1785 al lado de su joven esposa Ana Josefa Mena. Al año siguiente vino al mundo la primogénita de la familia Josefa Antonieta Figueredo Mena. Dos años mas tarde, el 29 de abril de 1788, nace Fernando, a quien el destino le reservarla el título de héroe de la Patria, convertido en oficial con el grado de Coronel efectivo de caballería de las tropas al mando del Libertador Simón Bolívar.

Esa casona que hoy se resiste a desaparecer, alojó muchas veces, allá por el año 1808, al asturiano José Tomás Boves, cuando en su condición de comprador de ganado mantenía una estrecha relación comercial con Don Ignacio Figueredo. Aún no llegaban los años terribles de la Guerra de Independencia.

En el fragor de la contienda bélica muchas veces su recinto fue profanado y en abril de 1814 cuando la ciudad fue asaltada por las tropas del realista Ceballos, Doña Ana Josefa entregó su alma al creador en la misma habitación donde vinieron al mundo tres próceres de la libertad: Sus hijos Fernando, Faustino y José Maria.

Transcurrieron los años. Don Ignacio se ausentó de la casona por mas de una década. Su hija María del Rosario dió el calor y mantenimiento suficientes para mantener el hálito vital de sus gruesos muros de tapia y rafas. Así transcurre el tiempo hasta que en 1849 cuando muere Don Ignacio, este le asienta en su testamento la propiedad definitiva del hermoso inmueble, valorado en ese momento en la suma de 3.800 pesos.

Diecisiete años más tarde, en 1867, Maria del Rosario en su testamento cede la propiedad de la casa a su sobrino-nieto Pacifico Marvez. En 1870 Agueda Figueredo (hermana de Fernando y Maria del Rosario), tutora del menor propietario, solícita a un tribunal la autorización para enajenar la vivienda en razón a que su difícil situación económica no permitía salvarla del estado ruinoso que presentaba. La casona es sacada a remate y adquirida por Merced Cuello de Ferrera en 1200 pesos. La intervención no se hizo esperar y volvió a ser habitable y altiva al igual que un siglo atrás.

En noviembre de 1884 Juan Antonio Acosta y su espo­sa Adela Ferrera adquieren los derechos de propiedad del resto de los hermanos Ferrera por un total de Bs.3.840, quedando así como únicos propietarios de la misma.

En febrero de 1912 la sucesión Acosta Ferrera vendió sus derechos a Manuel María Guillén en 4.200 Bs. en junio de 1917 este efectúa su venta a los hermanos Herrera. En junio de 1918 el inmueble es adquirido por Román Moreno y en septiembre del mismo año lo vende a José Felipe Arcay, Presidente del Estado Cojedes.

En julio de 1920 Emiliano  Fernández compra la casa a los herederos de Arcay en Bs. 7.000, siendo vendida tres años después, en agosto de 1931, a Juan Miguel González. Este la entrega en pago a su acreedor Coromoto Alba en abril de 1934, quien a su vez la hipoteca un año después a la Señora Margarita Sánchez por la suma de Bs.10.000, que en 1938 la hacen propietaria de la hermosa edificación. Eran los tiempos cuando las hermanas Lima regentaban (en condición de arrendarías) la pensión “San José”, lugar de hospedaje para los visitantes de la ciudad.

En septiembre de 1945 el Señor Agustín Núñez Valarino, asiduo huésped de la impresionante casona, la adquiere a un costo de Bs.16.000, así como también la casa contigua (hoy Curía Diocesana) para conformar una gran vivienda a la que imprime su sello personal a través de una marcada intervención que aún perdura. A mediados de la década de los setenta la sucesión Núñez Valarino dona una parte de la vivienda a la Iglesia y la otra a la Sociedad Bolivariana de Venezuela. A partir de a1lí la casa entra en un proceso de deterioro crecien­te que amenazó su existencia. El área asignada a la Diócesis fue intervenida sin ningún tipo de provecto de restauración, alterando así su identidad y concepción original conservada durante dos siglos.

El área correspondiente a la sociedad Bolivariana permaneció sin dolientes hasta 1991 cuando desde la Junta protectora del Patrimonio Hist6rico del Estado Cojedes hicieron gestiones y lograron la asignación de recursos por parte de MINDUR para su restauración. En 1992 se contrataron los servicios de dos especialistas, arquitectos Francisco Azpúrua y Humberto Mercado, estos, luego de un estudio diagnostico de más de seis meses presentaron un proyecto de restauración que se viene llevando a cabo con estricto apego a la normativa existente al respecto. Sin embargo los recursos asignados a tal fin son minúsculos y los costos cada día mayores, razón por la cual la restaurarían de la imponente casona colonial marcha con paquidérmica lentitud.

La edificación está compuesta actualmente por dos cuerpos: Uno de alto en el cruce de las calles Sucre y Figueredo, que presenta serios deterioros en el aparejo constructivo. El otro, de una planta, que colinda con la Calle Figueredo y presenta un estado ruino­so, además, un patio interno que se encuentra en iguales condiciones.

La propuesta de intervención que actualmente se ejecuta (restauración) contempla el reacondicionamiento/reconstrucción del cuerpo de alto, reparando y/o sustituyendo todos los elementos del aparejo constructivo deteriorados, la rehabilitación del cuerpo de una planta, y patio interior, respetando los trazados originales. Si desea más información descargue Aquí 

Fuente: Antropólogo Argenis Agüero

 

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